DULCES VINOS DULCES – PARTE I

Aparte del vino Oporto, y de un vino dulce de plátano que llamaban “pasita”, que era algo así como el bautizo etílico para muchos adolescentes de mi época, debo confesar que mis años mozos en Caracas transcurrieron en una absoluta ignorancia en lo que a vinos dulces se refiere. No fue sino hasta muchos años mas tarde que tuve una de las experiencias gastronómicas más memorables de mi vida. Unos amigos en Nueva York me habían invitado a cenar a un restaurante, y el aperitivo consistía en un medallón de foie gras a la plancha acompañado de una copa de Sauternes. Durante los minutos que duró aquella maravilla en mi boca sentí como si hubiera subido al Cielo, para después tener que aterrizar a regañadientes. Aclaratoria, el resto de la cena estuvo formidable, pero después de aquel foie gras que se fundía con los aromas, la frescura y el sublime dulzor del Sauternes, supe que mi vida había cambiado para siempre. Aquel vino dulce y celestial me había seducido, había arrebatado mi inocencia y me había convertido en uno más de sus amantes.

La búsqueda por repetir la experiencia comenzó al día siguiente, o mejor dicho el mismo día, porque durante toda la noche estuvimos deambulando por la “Ciudad que nunca duerme”. Pero ¡oh, que sorpresa!, cuando entré a Sherry Lehmann buscando un Sauternes, el sommelier a cargo, un joven amable y  muy profesional, percatándose de mis pocos conocimientos y de mi gran interés, me condujo hasta la sección de vinos dulces para luego ilustrarme, con toda la paciencia del mundo, sobre los Sauternes, los Barsac, los Tokaji, los Riesling del Mosle, los Eiswein,  los Recioto, los Pedro Ximenez  y pare usted de contar. Al final, lo que yo había concebido como un corto e  inocente paseo de compras por la licorería, se había convertido en una mañana entera y en un cúmulo de información enorme; repleto de botellas, etiquetas, denominaciones, consultas, preguntas y respuestas que me hacían sentir cada vez más estúpido ¿Cómo era posible que yo no hubiera descubierto antes esas maravillas dulces? Pero como en esta vida todo tiene un motivo y una razón de ser, esa misma noche, entre almohadas, tribulaciones y bostezos, tomé una decisión de vida: quería ser un sommelier. Ya mi particular afición por los tintos de Burdeos no era suficiente; ahora deseaba empaparme sobre los vinos de Borgoña, de Rioja, de Toscana, de Champagne… y por supuesto, sobre los vinos dulces.

Cumplida mi aspiración, hoy puedo afirmar con cierto grado de autoridad que están muy equivocados los que siguen citando el viejo refrán que reza: “borracho no come dulce”; o aquellos que con tono de sobrados y un arco en la ceja afirman que los vinos dulces no son “serios”. Pues bien, para información de todos, resulta ser que los vinos dulces han dominado la escena mundial desde tiempos inmemoriales, incluso los hay que se han ganado el título de “Vino de Reyes”. Pero como sobre vinos dulces hay mucha tela que cortar y no quiero extenderme demasiado, me comprometo en abordar el tema  con mayor profundidad en las próximas entregas de “Dulces Vinos Dulces”. En ellas pasaremos a revisar cuatro denominaciones legendarias: Tokaji Aszú, SauternesRiesling Pradikatswein y Pedro Ximenez; a fin de conocer sus historias, descubrir sus secretos y entender porque están considerados entre los mejores vinos del mundo.

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3 Comments

  1. […] llegamos hasta Sauternes, Francia.  Por cierto, si se recuerdan, en el primer capítulo de “Dulces Vinos Dulces ”, hice una afirmación acerca de ese primer y fortuito encuentro  con el vino de Sauternes que […]

  2. Just wanted to say thanx! I love sucking dick btw hmu

  3. Thanks so much for sharing the info. I love sucking dick btw hmu

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