Vinos Rosados…”La Vie en Rose”

Ha llegado el verano al hemisferio sur, pero por alguna extraña costumbre que ahora no viene al caso escudriñar, muchos consumidores del Nuevo Mundo tratan con desdén a los vinos rosados; en otras palabras, los consideran inapropiados, inferiores y hasta “palurdos y poco serios”,  al punto que los ignoran por completo a la hora de hacer la selección del
vino que mejor se adapta al menú y la ocasión. Esta falta de interés por los vinos rosados es aún más notoria en nuestros países de América Latina en donde, por ironías de la vida, el clima y la gastronomía nos ofrecen justamente el marco ideal para que podamos disfrutar de un buen rosé. Pero para infortunio nuestro, nos hemos dejado llevar por los prejuicios, la incomprensión y la distancia; esas impostoras que se alimentan mutua y recíprocamente. Ahora bien, para salir de este círculo vicioso, y acabar para siempre con el odioso tabú que nos aparta de los vinos rosados, es necesario que comprendamos de qué se tratan y cómo se elaboran.

Para empezar, tenemos que dejar de un lado esa manía de comparar a los vinos rosados con los vinos blancos y tintos. Los vinos rosados son lo que son, vinos rosados; con una personalidad y atributos que les son propios e incomparables. Digamos que son una suerte de paso entre el blanco y el tinto, en donde se fusionan la expresividad, la mineralidad y las fragancias de un vino blanco, con la redondez y los aromas seductores de la fruta roja y madura. En este sentido, podríamos afirmar que los vinos rosados, precisamente por encontrarse a mitad de camino, gozan de una versatilidad realmente extraordinaria. Sobre este particular, Chris Spencer, viejo amigo y propietario del Chateau Spencer La Pujade en Languedoc Rousillon, una vez me dijo que “los vinos rosados, más que simples vinos, son una especie de estado emocional”, y en efecto lo son. Por una parte, los vinos rosados expresan de maravilla las cualidades de la uva con la que están hechos (Cabernet Franc, Pinot Noir, Merlot, Syrah, Garnacha, Tempranillo, etc.) ya que, al no ser añejados en toneles, predomina la fruta sin la presencia de los aromas terciarios que aporta la madera. Por otro lado, los vinos rosados dependen de la inspiración de cada vinicultor, por lo que la paleta de colores puede ser tan variada como los gustos: rosado claro, rosado oscuro, tenues, brillantes, intensos, con tonalidades de salmón, de coral, violáceos, anaranjados…y pare usted de contar.

Un vino rosado se produce cuando el contacto entre el mosto y la piel de la uva tinta es muy breve; esto es lo que se conoce como maceración.  En los vinos tintos este proceso de maceración puede durar varias semanas, mientras que para los vinos rosados es de unos pocos días, o incluso de apenas unas cuantas horas, dependiendo de la personalidad que desee imprimirle el productor. La personalidad del vino rosado (color, sabores, aromas, estructura) va entonces a depender de la variedad de la uva que se utilice y del tiempo de maceración (sean dos horas, o seis horas, o cuatro días de maceración). Así por ejemplo, tenemos que un vino de uva Tempranillo con varios días de maceración va a presentar un color  rosado intenso y aromas de naranja y frutas rojas, mientras que un vino de uva Garnacha con menor tiempo de maceración va a tener un color rosado tenue y aromas de melón, pepino y notas florales. Ahora bien, no todos los vinos rosados son producidos por el método de maceración, existen otras técnicas para producir vinos rosados. En primer lugar tenemos el método “Saignée” o sangrado, que consiste en trasegar a un nuevo tanque (durante las primeras horas de maceración) una pequeña parte de un vino tinto que se esté macerando lentamente. Este método se utiliza básicamente en Francia y en el Valle de Napa (California) para producir unos vinos rosados de gran atractivo e intensidad aromática. El otro método es el “Assemblage”, también conocido como blend o ensamblaje, que es cuando se añade una pequeña porción de vino tinto a un vino blanco para producir un vino rosé. Este método es casi exclusivo de la región de Champagne, en donde se agrega una porción (menor del 5%) de vino tinto (de Pinot Noir o Pinot Meunier) a un vino blanco (de Chardonnay, Pinot Noir y Pinot Meunier) para producir los prestigiosos Champagne Rosé.

Son muchas las regiones de Europa en donde se producen vinos rosados: en Francia (Provenza, Languedoc, Costa del Ródano, Valles del Loira, Champagne), en España (Castilla y León, Rioja, Navarra, Penedés), en Italia (Piemonte, Basilicata, Puglia, Veneto), así como en diversas zonas de Portugal y Grecia. En todas y cada una de estas regiones los vinos rosados reflejan a plenitud su terruño y ocupan un sitial de honor en las gastronomías de sus pueblos desde tiempos inmemoriales; sin embargo, ¿Qué hay de nosotros en el nuevo mundo? ¿Por qué seguimos renuentes a explorar y descubrir el fascinante mundo de colores, aromas y texturas que nos ofrecen los vinos rosados? ¿Cuántas veces más iremos al mercado en busca de un vino que nos acompañe durante los cálidos días de verano, o que nos permita disfrutar de la complejidad de la cocina étnica (oriental o latinoamericana), o maridar a la  perfección una Ensalada Nicosia, una Hallaca, un Gazpacho Andaluz, un Cocktail de Camarones, un Lomo de Atún, o simplemente  una buena Pizza, para terminar finalmente comprando el mismo vino blanco de siempre, o ese tinto robusto y estructurado que no les cuadra ni de lejos?

Afortunadamente, ya se comienzan a derrumbar  los prejuicios que nos apartaban de esos maravillosos rosé, llenos de frescura y versatilidad, y se percibe un renovado entusiasmo de parte de los consumidores latinos, el cual se refleja en la creciente variedad de marcas y estilos que están apareciendo en los anaqueles. Pero, ya que  a beber no se aprende sino bebiendo, a continuación les propongo unos cuantos rosé que estoy seguro de  que conquistarán vuestros paladares y corazones:

  • Hey Rosé, Riccitelli, Malbec Rosé, Valle de Uco, Argentina
  • Lapostolle Le Rosé, Syrah-Garnacha-Cinsault, Valle de Rapel, Chile
  • Bodega La Flor, Malbec Rosé, Luján de Cuyo, Argentina
  • Marques de Cáceres Excellens, Tempranillo, Rioja, España
  • Chivite Las Fincas Rosado, Garnacha, Navarra, España
  • Protos Rosado, Tempranillo, Ribera del Duero, España

Para finalizar, les cuento que mi esposa me ha pedido que prepare la cena, por lo que he decidido ofrecerle una velada romántica con un  M de Minuty Rosé 2107 – AOC Cotes de Provence, acompañado de un Tartare de Trucha  y  las dulces notas de la inmortal Edith Piaf:

“Quand Il me prend dans ses bras”

Il me parle tout bas,

                             Je vois la Vie en Rose”

Hasta la próxima…Salud.

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8 Comments

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